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La delgada línea roja: El límite entre la vida y la muerte 5 junio, 2010

Posted by Dioni Palacios in Cine, La Videoteca.
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Resulta que el cine bélico es uno de los géneros clásicos que el séptimo arte ha adoptado para ahombrar una multitud de producciones al calibre de obra maestra. ¿Quién no  recuerda a bote pronto al menos cinco títulos de películas bélicas de extrema calidad? Lo intento: El día más largo, Apocalypse Now, Platoon, El puente sobre el río Kwai o La chaqueta metálica, usted podría continuar con cientos de títulos más. Los más grandes directores han filmado y firmado al menos una obra del género, obras sobre la I Guerra Mundial; la Segunda, también; como no, Vietnam; guerras con todo tipo de contendientes, ubicaciones geográficas y armas; guerras con un único color, el rojo de la sangre. Ese color, el rojo, es el adjetivo con el que James Jones calificó su experiencia en la II Guerra Mundial, donde combatió en la isla de Guadalcanal, cuando la plasmó en una novela llamada La delgada línea roja. Una novela que hasta la fecha ha tenido dos adaptaciones cinematográficas: la primera dirigida por Andrew Morton en 1964, que se distribuyó en España con el título El ataque duró siete días; y, una segunda adaptación de 1998 del atípico y maniático cineasta americano Terrence Malick, que en más de treinta y cinco años de trayectoria sólo ha rodado cuatro films (más uno en camino), eso sí, La delgada línea roja le llevó quince años de intenso pero sosegado trabajo para obtener una película impecable, íntima y personal. Tan impecable que sólo hay que conocer la meticulosidad del director y ver el impresionante reparto con el que cuenta, con actores como Sean Penn, Jim Caviezel, Nick Nolte, Woody Harrelson, John Cusack, George Clooney o Ben Chaplin. Tan íntima que la acción se desarrolla en una isla virgen dónde el hombre lleva los males del mundo civilizado, corrompiendo la más pura naturaleza. Tan personal como el recorrido por la condición humana que significa el caminar hacia la muerte, y saber que el límite entre vida y muerte pende de una delgada línea roja. Un canto antibélico magníficamente orquestado.

En 1998, La delgada línea roja me hizo estremecer por su antibelicismo mostrando la guerra. Hoy el belicismo está en los telediarios, y me hace temblar porque empiezo a ver que la línea roja se va estrechando, que los acuerdos no llegan, que el límite está cercano. Pero como hay que buscar el lado positivo de las cosas, esto al cine le viene bien, en unos años las pelis de las guerras mundiales y del Vietnam han pasado a la historia, ahora las que ganan Oscars son las de la guerra de Irak, y los ganarán las de las guerras que vendrán. Pero ¿quién sabe?, a lo mejor, no vivimos para verlas. Hoy más que nunca: NO A LA GUERRA.

Comentarios»

1. meli - 7 junio, 2010

Tienes razón, no se sabe que nos dara tiempo a ver pero de todos modos NO A LA GUERRA Y NO A LA XENOFOBIA .El otro dia vi como pegaban a un chico de Marruecos que cometió un error ,la manera de pegarle era brutal y aun así habia gente que disculpaba al que lo golpeaba. Increible! Se pierden los principios y el respeto, igual que en las guerras………

2. Dani - 5 junio, 2010

La delgada líena roja se estrenó pocos meses después de “Salvar al soldado Ryan”. Recuerdo que acudí al cine con la misma compañía
con la que fui a visionar la obra anterior y todos se quedaron decepcionados al no recibir más dosis de lo que Spielberg les había regalado con su drama bélico. Todos menos yo, que sabía que si bién le sobraba algo de metraje, era una película fuera de lo común en el género. Aparte de estar maravillosamente rodada, es una obra artística, poética, que invita a profundas reflexiones. Hay a quien eso le aburre. No la he vuelto a ver desde entonces, debe de ser la número 156 en mi pendiente lista de “tienes-que-verla”. Pero recuerdo perfectamente las impactantes imágenes de la muerte del “protagonista” y también una significativa y curiosa secuencia en la que una cuadrilla de soldados se topa con un nativo que pasa por su lado, y éste sigue adelante indiferente al mundo que ellos representan.

Sí, la guerra es el invento más estúpido del ser humano.

Salud!


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